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Miedo al miedo

Verena, Marco y David, tres ancianos amigos desde la infancia, estaban sentados esta mañana en el salón de recreo de su centro de día cuando uno de ellos, Marco, propuso un ejercicio de memoria al resto. Consistía en clasificar las palabras más repetidas en los medios de comunicación durante estos últimos tiempos. Cada uno anotó en un papel sus respuestas y al ponerlas en común, comprobaron que habían escrito lo mismo. La crisis, los casos “Urdangarín” y “Bárcenas” y en cuarta posición, reinventarse.

¿Quién se encuentra detrás de qué este verbo figure en el top of mind de nuestros mayores? ¿Qué significado real esconde lo que ya parece una táctica nacional por llenar un océano que está seco?

Es fácil creer que nuestra clase política está tratando de cambiar el foco de la noticia y compartir así con la ciudadanía el ejercicio de la responsabilidad y el peso de encontrarnos anclados en un modelo productivo que lejos de su naturaleza dinámica, se ha quedado estático. Si hacemos una segunda derivada en el cuerpo de nuestro razonamiento, debemos tener en cuenta que reinventarse o regenerarse forma parte de una necesidad para vivir y de un eslabón ancestral grabado desde nuestros orígenes en la cadena genética del ser humano. Sin embargo, un “virus mundial” extendido por ósmosis, parece habernos dejado inmersos en la desilusión y privados de esta función vital.


La necesidad de reinventarse ante la falta de caudal en la arteria de la creatividad se impone. Se ha posicionado enfrente de cada uno de nosotros. Ya no sirve abrir buscadores en las redes para husmear lo que hace el contrario. Ha llegado el momento de buscar dentro, en la luz más brillante jamás conocida, la autenticidad y la diferenciación. Antes de alcanzar ambas joyas, debemos descifrar la clave secreta de la antesala de nuestro cuarto más intimo y valioso, donde destaca un letrero luminoso justo antes de alcanzar el podio del éxito. Incluye el siguiente texto: ten cuidado, el camino que pretendes abrir es peligroso…

Es aquí cuando llegamos a la principal barrera de nuestros días: el miedo. Esa energía cinética que nos tiene atrapados y acomodados y que impide hacer del consejo de nuestros amigos una herramienta valiosa de superación. Miedo a no ser capaz, a fracasar e incluso a triunfar.

¿Es el momento de elegir camino? Sin duda. Solo así convergen en un punto común la primera persona del singular -yo- y la del plural -nosotros-.

Jose María J. Director de Cuentas en Abascal Comunicación

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