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Marca personal, elige lo que tus redes dicen de ti

Que internet ha hecho que las personas se hayan ido convirtiendo paulatinamente en marcas personales es un hecho. Existen casos paradigmáticos en los que algunos usuarios prefieren incluso explotar los valores asociados a su imagen corporativa, antes que a sus propios valores personales.

Las ventajas y oportunidades que se derivan del buen uso de las redes sociales a nivel corporativo son de sobra conocidas. Por nombrar algunas: aumentan la fidelidad del cliente, se puede recibir un feedback directo y, muchas veces, inmediato del usuario, la flexibilidad y multitud de redes sociales permite adaptar los mensajes y valores asociados a la marca, etc.

Aunque nadie duda de los beneficios (y, por extensión, los problemas e inconvenientes derivados) que tiene una buena presencia en redes para una marca, no se suele tener tan grabado a fuego que las personas a día de hoy son tan marcas como las propias empresas y que sus herramientas sociales tienen que tener igual o, seguramente, mayor cuidado que las empresariales.

Independientemente de si una cuenta de Twitter o de Facebook tiene un nexo directo con la empresa o si es de uso estrictamente personal y desligado de su vertiente laboral, internet permite saber con facilidad dónde trabaja esa persona o en qué ámbito se mueve.

Ahí radica precisamente la necesidad de tener unas redes sociales personales perfectamente trabajadas y que digan de nosotros lo que nosotros queramos que digan.

Nuestras redes nos definen

En la pasada edición de la feria de marketing digital OMExpo 2017, a la que pudo acudir Abascal Comunicación, el experto en marketing digital David Martínez Calduch dio algunas claves en este sentido en su ponencia sobre ‘social selling’.

En su exposición, Martínez Calduch subrayó la necesidad de tener unas redes sociales (corporativas y digitales) que estén “realmente sustentadas y den buena imagen”. “Hay que tener un LinkedIn, no de 10, sino de 11”, explicó, entre otros consejos.

El ponente explicó cómo, por ejemplo, le había sucedido que al ir a reunirse con un cliente nuevo, este le dijera nada más sentarse a hablar que sabían “perfectamente” a qué se dedicaba él, y que solo se reunían para contarle lo que necesitaban de él. Es decir, que ese cliente ya había visto su perfil en internet y conocía de sobra su labor y sus métodos.

Esto habla de la necesidad de controlar  lo que nuestras redes (que es el ámbito que podemos gestionar) dicen de nosotros. Algo que va más allá de ejemplos palmarios y ya conocidos como evitar las fotos ‘con varios gin tonics encima’ en Facebook o convertirse en un ‘hooligan’ desatado en Twitter cuando juega tu equipo de fútbol.

Estrategias a la hora de trabajar una marca personal hay miles, y cada experto tiene sus tácticas. Seguramente el consejo más útil que se puede dar es que hay que usar las redes sociales con cabeza, siendo consciente de para qué sirve cada herramienta, ser responsable en el manejo de las mismas y definir una estrategia.

Esta estrategia puede incluir un uso constante de las opciones digitales o un uso más reducido pero con contenido de interés, cada cual puede moverse en el terreno en el que se encuentre más cómodo. Lo importante es definir una serie de pautas a seguir y aplicar el sentido común para que nuestras redes hablen de nosotros como nosotros queremos que hablen.

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