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La ortografía, de patas arriba

Hace unas semanas, saltaba a la luz la noticia: la nueva ortografía de la RAE ponía de patas arriba las reglas ortográficas que durante años se habían enseñado en las aulas. A raíz de las nuevas normas aparecieron rápidamente las críticas y si la RAE “Limpia, fija y da esplendor”, con sus nuevas ideas había barrido en un instante las reglas que más de uno se había aprendido a duras penas. Un artículo de El Magazine de El Mundo firmado por C. Machado valora en un 15% lo que representa la lengua al PIB y calcula que hay más de 3,5 millones de puestos de trabajo relacionados con la lengua en sectores como la enseñanza, la publicidad, las telecomunicaciones y la cultura.

Hasta ahora la evolución era primordial en un idioma vivo que ha ido cambiando con el paso del tiempo. Pero, una pregunta grave se plantea: ¿Se tiene que adoptar el idioma de la calle? Las reglas están hechas para cumplirlas pero las nuevas tecnologías y sus principales consumidores, los jóvenes, han decidido adueñarse del lenguaje. No obstante, uniformizar lo que hace dos días eran faltas de ortografía facilitará la comprensión que al fin y al cabo es para lo que sirve el lenguaje.

Las ochocientas páginas de la Nueva Gramática Española aclararan a más de uno y defraudarán a otros. Algunos llorarán la pérdida de la “ch” y la “ll” que convertirán el abecedario en 27 letras. La w no se llamará uve doble sino doble uve, la y se llamará ye y tendremos que decir adiós a la y griega. Solo no llevará tilde para diferenciarlo entre adverbio y adjetivo y entonces, comenzarán las batallas de lectura y comprensión.

La pregunta que ondea es la siguiente: ¿Realmente la nueva ortografía es una evolución y un sinónimo de democratización de la lengua?

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